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Karlos Viuda



Karlos Viuda: Sugerencias

El sentido del arte está en la mirada del que observa, de aquel que mira, pero también del que crea. Así la exposición que presenta en esta ocasión Karlos Viuda, supone una escenografía de lo propio, donde aparecen los grandes personajes presentes siempre en su obra. La búsqueda de la tridimensionalidad, el interés por el espacio, por todo lo que se construye, lo que se forma por la intervención sobre la materia; y el desarrollo de la potencia cromática, colores intensos que nos inspiran instantáneas de nuestros propios recuerdos, como espejos donde uno se ve, se mira, a veces se reconoce y otras veces se desdibuja. La importancia del proceso creativo sobre el resultado final, pone de manifiesto su preocupación por la experimentación, sus actores ensayan una y otra vez hasta lograr la interpretación exacta que persigue el autor, en un afán reduccionista y simplificador, que busca lo esencial, cierta seriación, un orden interno que relacione todas las piezas, una manera de ordenar y organizar los objetos vinculada directamente con el minimalismo.

La idea de transformación es constante en sus obras, lo dado no existe, todo se transforma por voluntad del artista para convertirse en una imagen ilusionista pero mucho más real, que evoca el paso del tiempo por la superficie de la obra, así este, se convierte en un elemento más del cuadro. La utilización de materiales de desecho o reutilizados, como el caucho, el plástico, relaciona estas obras con el mundo póvera. La idea de objeto encontrado se reinventa a través de la investigación y experimentación con los materiales, para conseguir su máxima capacidad plástica y expresiva. Se persigue una interpretación exacta que permita al espectador imaginar su historia o recrear su propio mundo. La poética de lo vivido, de aquel objeto con pasado que sugiere la belleza de lo antiguo, la magia de lo viejo, de aquellos objetos que son las ruinas desde las que reconstruir la historia, aunque a veces esta sea falsa o imaginada. El uso del color, matizado por raspados, veladuras, nos sugiere la erosión, los elementos de la naturaleza, el fuego, el agua, el aire y las huellas que estos dejan a su paso sobre la materia, otra vez, el tiempo aludido. Son planchas que imitan el metal en descomposición, la imagen de gotas de lluvia sobre un cristal, reflejo de su propio mundo, de sus recuerdos de infancia.

Hay una búsqueda de la profundidad a través de la luz que reflejan sus colores y un interés por lo estructural presente en el uso de materiales industriales, o en la apariencia de lo industrial provocada por el mismo. Es un collage de lo sugerente donde todos los detalles insinúan algo, como los números que aparecen en los cuadros, que nos sugieren grandes puertos llenos del trajín del ir y venir, imaginarias cajas de embalaje que nos hablan de objetos que cambian de lugar, de historias que quizá nunca sean contadas. Pero también un guiño al espectador, una cronología lúdica que relaciona para siempre un tiempo a un color, a una forma, y que pasa a convertirse en un calendario de lo artístico muy personal.

Esta exposición de Karlos Viuda representa la belleza de lo que se intuye, se insinúa pero no se muestra, la belleza de lo sugerente, que nos seduce y nos fascina. La realidad nos anestesia el alma, la utilización excesivamente política de la imagen ha convertido lo artístico en documental, en un arte para la protesta desde la protesta, perdiendo su sentido poético y evocador. Esta exposición supone una vuelta a la reflexión desde la imaginación, un lugar para la contemplación, un espacio para la música, un tiempo para borrar relojes, un gimnasio para nuestros ojos, tonificador y estimulante, un arte que explora lo que hay en nosotros mismos, un yo que juega a reconocerse, a descubrirse.

Karlos Viuda no pinta sus cuadros, los construye a partir de elementos ensamblados, que buscan siempre un orden y coherencia interna, dando unidad a todo el conjunto. El cuadro se convierte en algo que va más allá de una imagen, pasa a ser narración y refleja la dualidad entre lo interior, representado por el color, que se transforma, se expande; y lo exterior, representado por el caucho y los plásticos, como lo que se construye, lo que se pliega sobre sí mismo para formar un espacio, lo que se ordena. Una dicotomía entre lo que somos, y lo que nos fabricamos para poder ser.

Su obra está repleta de sugerencias al espacio, a la naturaleza, a la dualidad del ser humano y de lo que nos rodea, una estética de lo provocador, de lo inductor, una iconografía llena de paisajes mentales, lugares para la alquimia de la curiosidad, el movimiento sin salto, la imaginación del ciego, lo invisible con gafas.

Me sugieres la genialidad de lo imperfecto, lo impúdico de la verdad, la esperanza que siempre guardan los super-vivientes.

Cristina Martínez García


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