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Juan de Dios

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Caprichos de madera

Juan de Dios tiene su 'Taller de la Buena Sombra' en el pueblo de Lorenzana, muy cerca de León, y allí construye pequeños objetos deliciosos y muebles exquisitos al margen de su trabajo más prosaico, que es la carpintería por encargo
Este artesano carpintero guarda su colección de preciosidades por los altillos y rincones de su taller. Es ahí donde conviven muebles exquisitos con miniaturas delicadas y piezas decorativas en forma de caracol, zapatos de ébano, cochecitos de palo santo, cajas y bastones realizados con miles de piezas minúsculas… Juan de Dios (La Robla, 1955) dice que todo esto son sus “caprichos”.
Para construirlos ha trabajado y explorado todas las maderas raras que ha podido conseguir. Así es como ha ido aprendiendo cuanto sabe, y sabe mucho, sobre las características, comportamiento y peculiaridades de un material vivo como éste. El material por excelencia.
Algunos de sus trabajos revelan una intuición artística. Otros son auténticas piezas para coleccionistas
Algunos de sus trabajos revelan una intuición artística. Otros son auténticas piezas para coleccionistas. Y los que disfrutan con los objetos cotidianos únicos e irrepetibles, llenos de calor e incluso olor, podrían encontrar aquí bastantes sorpresas: una mesa con finísimas incrustaciones que bien le gustaría a Kandinsky, un arca maravillosa de arce con joyero secreto, una mecedora infantil recién sacada de un cuento, percheros en forma de animales, un increíble cuerno con toda una galaxia de maderas como estrellas incrustadas…
“Todos estos objetos tienen muy difícil salida comercial. En realidad esto es un capricho mío, me gusta hacerlo, aprendo mucho… Pero no consigo encontrar un mercado para darle salida”, advierte Juan de Dios abriendo las puertas de los cuartos y desvanes donde se apilan sus tesoros.
“El Taller de la Buena Sombra”
Este carpintero ecléctico tiene su taller en el pueblo de Lorenzana (www.buenasombra.es), a unos diez kilómetros de León capital. Llama la atención el lugar en el que está ubicado, como escondido tras una callecita estrecha, sin ningún signo externo de su existencia.
Una vez dentro se accede a un amplio patio, al que dan las puertas y ventanas del taller. La mirada se mueve entre el suelo de canto rodado y la gran diversidad de maderas que se reclinan contra los muros y paredes interiores.
Taller de la Buena Sombra. Así reza un cartel frente a la puerta interior del taller. “He tenido la suerte de encontrar grandes amigos, que me cuidan, y el nombre es un homenaje a ellos, por aquello del refrán: el que a buen árbol se arrima…“.
Junto a la entrada, unas piezas sobre la pared llevan grabado el nombre de la madera que representan: ébano, palo santo, boj, sicomoro, roble, cerezo, pernambuco…
Junto a la entrada, unas piezas sobre la pared llevan grabado el nombre de la madera que representan: ébano, palo santo, boj, sicomoro, roble, cerezo, pernambuco, amourette, ivira pita, azobé, leña buena, granadillo, castaño, cedro, bubinga, padouk, abedul, arce, wenge, xatoba, amarante, teka, mansonia, iroko, umbila…
Durante años este carpintero ha buscado las más raras y bellas maderas del mundo. Cuando tropieza con algo, Juan de Dios compra aunque sea un trocito o “zoquete”. Luego lo trabaja, indagando en sus características, sus virtudes, sus diferencias con otras maderas. Todo un mundo.
“Entre los palos santos y el ébano, que son maderas nobles, hasta que llegas al nogal, la mejor de las nuestras, puedes encontrar fácilmente 70 u 80 tipos de maderas distintas. Pero habrá entre 3.000 ó 4.000 maderas conocidas, algunas rarísimas”, apunta.
“Ahora mismo hay maderas imposibles o prohibidas, no ya en el mercado, sino en el mundo, como el pernambuco, los palos santos o el mocambo
“Ahora mismo hay maderas imposibles o prohibidas, no ya en el mercado, sino en el mundo, como el pernambuco, los palos santos o el mocambo. El xiricote, por ejemplo, no lo he conseguido encontrar ni en los libros, aunque hace años conseguí un trozo en Valencia. Y entre los distintos ébanos, algunos como el coro mandel hace años que no se ven”.
Piezas únicas
Al margen de los objetos que realiza para sobrevivir, Juan de Dios ha ido construyendo, una a una, varios cientos de irrepetibles piezas únicas. Cajas como la que aparece sobre estas líneas contienen más de 3.000 cuadraditos de distintas maderas, unidas una a otra, y así con la siguiente, hasta armar la pieza.
La serie de bastones es una maravilla, y más aún ver el proceso de un bastón en construcción. Hay uno que contiene 5.000 piececitas. Aquí las horas de trabajo se suman por miles, y por eso hay objetos que no tienen precio.
“El tiempo que lleva cada pieza es mejor no medirlo, porque si lo mido, abandono. Si tuviera que cobrar por tiempo, o por la paciencia, por el trabajo minucioso, lento, laborioso…. hay cosas que no tendrían precio”
“Hay trabajos cercanos a la taracea, con incrustaciones. A veces trabajo sobre una base y otras sobre la pieza misma en construcción. El tiempo que lleva cada obra es mejor no medirlo, porque si lo mido, abandono. Contar las horas de trabajo que hay aquí sería un pequeño disparate. Si tuviera que cobrar por tiempo, o por la paciencia, por el trabajo minucioso… hay cosas que no tendrían precio”.
Entre los objetos útiles le gusta hacer mesas, espejos, sillas, percheros… siempre diferentes. Le encanta también tallar pequeñas escaleras de caracol, animales… y otras cosas que surgen de los recortes de las maderas, como si ya estuvieran ahí dentro, o que se le ocurren mientras trabaja en algún encargo. “De pronto surge un motivo insospechado que te da pie a iniciar otro trabajo. Lo que nunca hago es repetir”.
“De pronto surge un motivo insospechado que te da pie a iniciar otro trabajo. Lo que nunca hago es repetir”
“Este es un tipo de producto que requiere gente con poder adquisitivo medio o alto, y con un gusto de coleccionista, que aprecie la madera”, advierte sobre sus obras.
“Si te vas a gastar un millón de pesetas en una mesa como ésta, que casi no la puedes ni tocar (en el sentido de que no vas a poner ahí encima un whisky, y que el vaso deje un cerco)… te lo piensas. Por suerte, ha habido personas que bien por aprecio personal, o porque algo les ha gustado, me han ido comprando, pero claro, no lo suficiente como para poder dedicarme a esto”.
¿Arte o artesanía?
Los caracoles ocultan cajas, las cajas aluden a secretos compartidos, el armadillo (en la imagen) invita a ser acariciado, explorado al tacto.
Este armadillo tiene 26 maderas diferentes como mínimo, cada una de un color. Cada pieza es de una madera distinta y tiene una forma diferente. La cabeza es de cedro de Ecuador, el cuello de granadillo, y en el cuerpo hay ébano, ivira pita, fresno, enebro, castaño, boj americano, palosanto, pernambuco, macasar…
“La madera está viva, eternamente tiene un movimiento, va encogiéndose, mermando, como nosotros. Influen la temperatura, los cambios, la luz, la edad…”
“La madera está viva”, afirma Juan de Dios. “La madera eternamente tiene un movimiento, va encogiéndose, mermando, como nosotros. Influen la temperatura, los cambios, la luz, la edad. La mayoría de la gente no lo entiende. Haces un mueble, o una caja, y al año siguiente te viene el cliente y te reclama: ¡es que le salió una grieta!. La madera envejece, como nosotros. Y eso es lo bonito de una madera. El cerezo, por ejemplo, envejece de una manera preciosa, va cambiando de color, oscureciéndose…”.
Sabe mucho Juan de Dios. Y cuenta además con una buena biblioteca en su taller. “La madera tiene ventajas, por encima de otros materiales. Tiene el tacto, a veces el olor (los palos santos, el cedro, el enebro, el palo rosa, la caoba cubana)… Es un material cálido, que desprende algo… calor, algo así como el amor”.
Ese “algo” se aprecia perfectamente en su colección de cosas simples y complejas, cosas con mucho trabajo dentro, y paciencia, delicadeza, amor al material. “Los objetos de madera piden mimo, y ellos te lo agradecen mejorando con el tiempo. Si les pasas un paño de vez en cuando, y los cuidas, cada vez van siendo más bonitos”.
¿Artesanía o arte? La eterna disquisición. “Los artesanos no me consideran artesano, y los artistas tampoco me consideran artista. A mí eso me da igual. Sé que mi trabajo es difícil de encajar. No es arte puro, aunque sí hay cosas que puedes defender como arte… Porque hay artesanos que hacen cosas que son arte, mientras que otros llaman arte a cosas que no se sabe lo que son”.
Oficios que tienden a desaparecer
Juan de Dios empezó tarde en este oficio, a los 25 años. Un día, mientras esperaba a un amigo, cogió una astilla y se puso a tallar una cuchara.”Le cogí afición a eso de ver que puedes hacer algo con las manos”.
En aquel entonces se dedicaba a la hostelería. Pero en un momento dado se pasó a la madera y empezó con el taller. “El trabajo de la madera, a pesar de sus dificultades, y de que tardas años en ir aprendiendo técnicas, es uno de los oficios más amplios y ricos de repertorio”, explica.
Como tiene que vivir de ello, normalmente trabaja por encargo, fabricando muebles, estanterías, mesas… de lo más normalito, comparado con lo que atesora en sus altillos.
“Desde un punto de vista comercial, lo que se hace es trabajar una serie de maderas y un repertorio de obra. Si lo dominas, le puedes sacar rendimiento. Pero a mí eso no me satisface, y por eso procuro ir cambiando y aprendiendo”.
“Para subsistir, hay que dejar un poco de lado lo artístico. Si ya no es fácil sacar adelante objetos útiles, imagínate con estos otros…. Aunque creo que he tenido la suerte de encontrar un equilibrio”
Sin embargo, reconoce que “para subsistir, hay que dejar un poco de lado lo artístico. Si ya no es fácil sacar adelante objetos útiles, imagínate con estos otros…. Aunque creo que he tenido la suerte de encontrar un equilibrio”.
La carpintería artesana le parece condenada a la extinción. “La gente compra en grandes fábricas y a grandes marcas que ya lo traen todo listo para montar. Hasta los suelos se venden barnizados. Ahora sólo se trabajan muebles para la típica zona difícil de la casa, donde no encaja nada del mercado. La mayoría de la gente no encarga ya nada a un carpintero, y cada vez es más costoso mantener un taller”.
“La mayoría de la gente no encarga ya nada a un carpintero, y cada vez es más costoso mantener un taller”
“En general todos los almacenes de madera están cerrando, como mucho queda uno en cada ciudad. Ahora tendemos a consumir cosas baratas, de usar y tirar. El comercio es así. Antes todo pasaba por manos de profesionales de distintos oficios (desde el carpintero al barnizador), pero ahora todos trabajamos bajo mínimos”.
El puerto de Valencia y los instrumentos musicales
Hace años Juan de Dios iba a buscar maderas a Valencia, que fue uno de los puertos más importantes del mundo en este sector. “Llegaban barcos cargados con troncos enteros de árboles, en bruto…”, recuerda.
Pero eso no sucede ya. “Ahora llega todo medido y cuadriculado, la manufactura y los procesos intermedios se realizan en los países de origen”.
Las maderas raras, exóticas, o las duras maderas tropicales, llegan a cuentagotas y en tamaños estándar, bastante pequeños
Las maderas raras, exóticas, o las duras maderas tropicales, llegan a cuentagotas y en tamaños estándar, bastante pequeños. “Sobre todo se usan para la construcción de instrumentos musicales, donde para cada cosa (un mástil, una tecla, una caja…) se utiliza un material. La sonoridad puede variar mucho en un instrumento, en función de utilizar una madera u otra”.
Juan de Dios contradice el tópico de que las maderas tropicales sean muy escasas y su extracción cause grandísimos destrozos en la selva. “En el Amazonas, ahora mismo está muy claro que la deforestación no tiene nada que ver con el tema maderero. La deforestación se debe al aumento de la producción ganadera y al aumento de la agricultura. En Brasil se talan miles de árboles para crear zonas de pastoreo y de pasto, y para cultivar soja y productos relacionados con los biocombustibles”.
Lección de maderas
El pernambuco tiene el color más extraño de todas las maderas que Juan de Dios ha conocido —junto con el amaranto—. “Es de color naranja más o menos fuerte, y tiene la virtud añadida de conservar el color inmutable. Desgraciadamente está fuera de mercado hace tiempo. Se trabaja bien y tiene un acabado muy bueno”.
El pernambuco tiene el color más extraño de todas las maderas que Juan de Dios ha conocido
El boj, tanto el americano como el mediterráneo, son maderas “bastante duras, de color amarillento —mucho más vivo el americano—, ideales para tallar y tornear con gran finura y detalle. Suelen tener un problema de secado y la complicación de conseguir piezas de un tamaño tan siquiera mediano. Una gran madera”.
La amourette es “extraordinariamente rara, de una belleza ciertamente singular. De color cobrizo, en sus partes más estimadas muestra manchas negras pequeñas, bien distribuidadas y a veces abigarradas, tiene un trabajo difícil por su dureza y un acabado arduo aunque impecable. Solo se puede emplear en pequeñas piezas dado el fisuramiento inevitable que la caracteriza”.
Entre los palos santos, Juan de Dios cita “el de India, el de Amazonas y el violeta como simplemente maravillosos pero inencontrables actualmente. Una pena, pero solamente queda en el mercado el palo santo de hierro, que es de inferior calidad en todos los sentidos, y el palo rosa”.
Entre los palos santos, Juan de Dios cita “el de India, el de Amazonas y el violeta como simplemente maravillosos pero inencontrables actualmente”
El ébano “está tan controlado como el marfil, aunque es posible comercializarlo en casos concretos, y en pequeñas cantidades destinadas a instrumentos musicales. Se puede conseguir con él un acabado muy bueno, se talla muy bien, en cualquier sentido, es muy estable, equilibrado…”.
Entre las maderas nuestras, “de las más asequibles está el roble, lo recomiendo siempre. El nogal hay que saber usarlo, porque a tamaño grande puede resultar cargante, es una madera muy cargada. El negrillo es una madera bonita, un poco blanda, quizá. El cerezo tiene un envejecimiento precioso, se va poniendo cada vez más bonito, de un rojo cálido, y va cambiando de color…”.
“Lo que importa en una madera es que el envejecimiento sea bueno, lo mismo que pasa con las personas”, insiste Juan de Dios.
Entre las curiosidades, cuenta que “apenas hay maderas de color verde, como el guayakan, que tiene fama de ser la más pesada del mundo”, y que “lo que venden los africanos como ébano suele ser granadillo, que no es una madera noble y resulta difícil de trabajar”.

Eloísa Otero – Peatóm (30/08/2008)


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