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Juan Carlos Uriarte



Juan Carlos UriarteDE NUESTRO SEÑOR DON QUIJOTE

Vuelve al camino nuestro Señor Don Quijote de la Mancha. Y lo hace llevado de la mano del Maestro Uriarte, dominador del hierro, del color y de las formas. Y ante su ánima recreada en hierro, vuelve también para nosotros el recuerdo de cuando aquel Ingenioso Hidalgo de la Mancha confió a su evangelista Cide Amete Benengeli licencia para escribir la biografía del Caballero, con pelos y señales, con destino a un pueblo suspicaz y de apagadas luces, si de fenómenos del espíritu se trata. Porque aquel que se dejó llamar Caballero de la Triste Figura, y ciertamente poco favorable era, ofrecía los perfiles más extraños, que no extravagantes, que vieran los siglos y los hombres de su entorno.
Que el tal montaraz andante llegara a ser figura central de la biografía general de la España peculiar de galeotes, curas, bachilleres y barberos, tuvieron que darse circunstancias muy singulares que hicieran del personaje un prototipo. Que a eso llegó aquella fantasía caballeresca, asomada a las azarosas aventuras de otro caballero dolorido, aquel Don Suero de Quiñones, tan movido de amores que afectivamente de un lanzazo de amor acabaría. El Maestro escultor no se ha dejado ganar por los flecos de la fama de aquel quijotesco desfacedor de agravios y alivio de doncellas, y por atenerse a la autenticidad del protagonista de la verdadera historia, recogió los rasgos que se desprendían de sus propias confesiones: “Finalmente, le diría confidencialmente a su evangelista Cide Amete Benengeli, por en errarlo todo en breves palabras o en una sola, digo que yo soy Don Quijote de la Mancha, por otro nombre llamado el Caballero de la Tiste Figura”. Estoico, valiente y bueno hasta el asombro de propios y extraños. Don Quijote, enamoradizo y defensor de la justicia inalterable, dejó escritas en la conciencia nacional las leyes más firmes y obligadas para restablecer el equilibrio de la verdad y la justicia, aun a cuenta de sus magulladuras y quebrantos. Así cuando fuele otorgado a Sancho, su compañero y amigo, el beneficio de gobernaduría de la Ínsula Barataria, recurrió el escudero a la sabiduría de su señor Don Quijote y este, con severidad y cariño, que es como debe ser aplicada la ley, le aconsejó:
“Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras, has de hacer dos cosas: La una ser bien criado con todos, aunque ya otra vez te lo he dicho; y la otra, procurar la abundancia de los mantenimientos, que no hay cosa que más fatigue el corazón de los pobres que el hambre y la carestía”
Y dicho esto, murió. Y se pudo escuchar el sollozante clamor de Sancho:
“No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía”
El Maestro Uriarte ha construido para memoria de desatentos, la figura emblemática de Don Alonso el Bueno, llamado también Don Quijote de la Mancha. Y bajo esta influencia hemos conseguido darnos cuenta de lo que este manchego universal tiene de signo, clave y representación de España y su conciencia.

VICTORIANO CREMER


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